Obesidad emocional


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Las personas obesas, bajo situaciones de mucho estrés o sentimientos de insatisfacción emocional, buscan alimentos que causen “placer rápido” como galletitas, gaseosas, helados, frituras, hamburguesas, chocolates, pasteles, postres.

Por Claudia Durán *

Los alimentos con alto contenido en grasa o azúcar refinada son clasificados como carbohidratos de absorción rápida, esto significa que el cuerpo los absorbe rápidamente y los convierte en energía. Así, cuando los comemos, podemos sentir una sensación de energía y bienestar casi instantáneo, desde el momento en que se mastican, el cerebro produce sensaciones placenteras pues se activan la dopamina y la serotonina (hormonas del placer y la alegría), y uno se siente aliviado de la tensión y otras emociones no placenteras. Sin embargo, esta sensación de satisfacción es sólo temporal. A la larga, al comer este tipo de productos no sólo genera sobrepeso sino que debilita el sistema defensivo del organismo, y puede irritar y degenerar el sistema nervioso.
¿Por qué el impulso de comer?

La respuesta tiene que ver con que estamos capacitados para funcionar bajo un sistema de respuesta y escape ante aquello que se considera un peligro. Bajo una situación de estrés o necesidad emocional fuerte, solemos responder de acuerdo a los recursos que tenemos y al conocimiento que manejamos respecto a esa situación. Entonces, bajo nuestra gama de recursos, tenemos que lidiar con la situación. Comer es una forma de producir placer, calma y satisfacción. El cerebro no puede distinguir si el estrés o la situación que provoca dolor o insatisfacción tiene que ver con las cuentas que no se han podido pagar, con los problemas con la pareja, con el pleito con el jefe o con los familiares, o con que no se logra o consigue lo que tanto se anhela. No puede saber si lo que ocasiona el estrés es algo que mañana se arreglará o si es una situación de vida o muerte. El cerebro sólo recibe el mensaje y propone soluciones.
¿De dónde proviene la fuerte necesidad de comer?

En la antigüedad, cuando un animal salvaje perseguía a un ser humano, este podía experimentar altos niveles de estrés y ansiedad. La persona entonces producía cortisol y adrenalina, sustancias que ayudaban a poner tensos los músculos y los preparaban para atacar, huir o para que la persona se defendiera y actuara a favor de la vida y la supervivencia. Esto ocurría no sólo cuando los perseguían, sino cuando experimentaban alguna necesidad, y tenían que poner a funcionar toda su habilidad para salir a cazar y traer el alimento o lo que fuese necesario. Todas estas reacciones se relacionan con el instinto de supervivencia.

En la actualidad, cuando sentimos ansiedad, estrés, insatisfacción, o alguna necesidad no cubierta (no importan si son afectiva, física o intelectual, cabe acentuar que el cerebro no distingue entre una y otra), este primitivo mecanismo de defensa y acción se activa. Bajo estas situaciones, el cuerpo espera que la persona luche y haga algo para cubrir esta necesidad de supervivencia. Si esta situación persiste sin que sea solucionada, entonces el cuerpo, que ha estado tenso y preparado para reaccionar, ha quemado calorías extras debido a la producción de cortisol y adrenalina constantes, y también ha creado el mensaje de que se necesitan más calorías para que las reservas de energía no se agoten y se pueda reaccionar apropiadamente en cualquier momento.

Es entonces que se siente hambre. El miedo y las emociones del mismo árbol como la inseguridad, la tensión, el estrés, la incertidumbre, producen mucho cortisol y adrenalina en forma continua. Podemos suponer que la persona come y se sacia. Sin embargo, si la inseguridad, tensión y demás persisten, entonces el cuerpo constantemente enviará el mensaje de necesidad de comida, aunque ya se haya comido e incluso se tengan reservas energéticas de más. Es una forma de estar bien protegidos, “armados contra”, para lo que hay que tener “muchas reservas“.
¿Cómo resolver el impulso de comer a cada rato?

Decirle a una persona obesa (o decirse a si mismo) que no coma es contraproducente o no conduce a nada si no se trabaja la causa del problema, comer es para el obeso reacción a un instinto. La necesidad y el origen del estrés o la ansiedad es lo que se debe empezar a considerar. Muchas de las situaciones que provocan estrés, ansiedad, inseguridad, no solo ocurren ante peligros físicos, sino tambien emocionales. Las personas obesas pueden tener fuertes sentimientos de inseguridad o temor a que algo no resulte o se cumpla en su vida, una necesidad afectiva fuerte puede ser el origen del impulso a comer y “llenarse”.

El enfoque para ayudar a erradicar el problema de sobrepeso en personas que han tratado todo y no pueden bajar, es empezar a dejar la idea de “quitarse el peso” y permitirse descubrir las necesidades afectivas o emocionales que generan una situación de estrés, inseguridad y ansiedad. Esto puede ser complicado para la persona si esta sola, sin embargo, se puede acompañar este proceso en terapias nutricionales con abordaje afectivo-emocional, que ayudan a tratar situaciones corporales trabajando los sentimientos y emociones.
* Dra Claudia Durán – Medica Especialista en Nutrición – M.P: 16404 – M.N:73561